De la mano del mindfulness y tal y como os decíamos en el post que escribíamos hace unos días, nos preparábamos para seguir avanzando en la gestión de la ansiedad, como algo que forma parte de nosotros, de nuestra naturaleza, y a lo que nos “enfrentamos” constantemente.

Todas las personas sienten ansiedad en algunos momentos de su vida, es necesaria y nos ayuda a enfrentarnos con éxito a los cambios. Sin embargo, en algunos casos la ansiedad deja de ser adaptativa y se convierte en un problema. Esto ocurre, por ejemplo, cuando nuestra “alarma” se activa ante un peligro que no es real, que no es una verdadera amenaza para nosotros o que no ha ocurrido todavía.

Cuando es así, la ansiedad supera lo que es una respuesta normal de nuestro cuerpo a determinadas situaciones, ya que hay que tener en cuenta que la ansiedad es una respuesta adaptativa que ha permitido a nuestra especie sobrevivir y evolucionar. Imaginemos un hombre primitivo que está caminando en busca de comida y se encuentra con un depredador. Su cuerpo inmediatamente se prepara para sobrevivir, desencadenando toda una serie de reacciones fisiológicas: segrega hormonas, sube la presión arterial, aumenta la glucosa en sangre y la coagulación sanguínea, el corazón comienza a trabajar a toda velocidad, bombeando sangre a los músculos para obtener la energía necesaria para luchar/huir, todas las funciones no esenciales se detienen, incluso se produce un aumento de la actividad mental. El cuerpo se esta preparando para hacer frente al problema.

Todas estas reacciones son extremadamente útiles para nuestra superviviencia, pero como conseguir que no se conviertan en un problema.

 

Cómo tratar de controlar las preocupaciones

Probablemente ninguna de las estrategias siguientes conseguirá mantener la ansiedad a raya, aún siendo las que habitualmente solemos utilizar con ese objetivo. Llegando, eso si, a desmotivarnos (extraídas del Libro Mindfulness para principiantes):

  • REPRIMIR LAS PREOCUPACIONES: Esto resulta agotador, ya que requiere una gran fuerza de voluntad. Además, añade una preocupación adicional: el pensamiento de que con tus esfuerzos no estás obteniendo los resultados deseados. Es más, cuando escondemos nuestra inquietud, más podemos desarrollar diversas clases de conductas compensatorias como la pasividad o la agresividad.
  • RAZONAR CON TUS PREOCUPACIONES: Este enfoque no reconoce que la ansiedad es una emoción y, por tanto, no está sujeta a las reglas del pensamiento lógico. La razón por si sola nunca ganará la batalla a la ansiedad.
  • DISTRAERTE: Esta actitud prolonga el problema de fondo y puede conducir a conductas extremas, como las adicciones, que solo incrementan la ansiedad.
  • PENSAMIENTO POSITIVO: Esto suena muy bien, pero implica lanzarse de nuevo a una agotadora batalla de actitudes. El pensamiento positivo requiere un esfuerzo constante y la ansiedad volverá a ganar terreno fácilmente al ser nuestra opción predeterminada

Por el contrario, el mindfulness, que cultiva la aceptación y no el control, ofrece un enfoque más realista. La práctica de mindfulness, prestar atención a lo que sucede en tu vida momento a momento, conseguirá que comiences a ver que los “instantes de ansiedad” no implican que seas una “persona ansiosa”.

 

¿Cómo puedo controlar mis preocupaciones? No lo intentes. En lugar de eso, obsérvalas y trata de comprenderlas. No luches en vano contra ellas.

 

La ansiedad es un género de ficción. Al ser una estrategia de protección, que como hemos comentado, se desarrolló al inicio de la historia de la humanidad para resguardarnos frente a los peligros, magnifica las razones para sentirnos atemorizados, creando situaciones que actúan como advertencias para prevenir futuros problemas.

 

Terapias y mindfulness

Dentro de los diferentes enfoques terapéuticos que se utilizan para gestionar la ansiedad y los problemas asociados a ella. Uno de los más conocidos es la terapia cognitivo-conductual (TCC), su idea principal es la de desafiar la solidez de los pensamientos negativos con los que nos engañamos a nosotros mismos. Sin embargo, el mindfulness utiliza otra estrategia: deja intactos los pensamientos que han inducido la ansiedad y nos amina a relacionarnos con ellos con una atención compasiva centrada en el instante presente. De este modo, reta nuestra perspectiva de la ansiedad.

Nos pide una total aceptación de la verdad: que las preocupaciones son expresiones internas pasajeras y sentirlas es normal. De modo que no huimos de los pensamientos angustiantes, sino que nos abrimos a ellos y nos damos cuenta de su escasa fiabilidad. Si no hay peligro en el aquí&ahora, no tiene sentido sentir angustia por un “depredador” que no está en este momento acechándonos.

Cuando afrontas tus preocupaciones con atención plena no te esfuerzas en evitarlas o controlarlas, más bien respondes a ellas de acuerdo a la situación que vives en ese momento, tus valores y prioridades. Al salir a su encuentro estableces una nueva relación con ellas. Se trata de tener una actitud más constructiva. Estar en bucle constantemente no nos lleva nada.

No podemos ni debemos erradicar nuestras emociones, nos ayudan a reconocer nuestras prioridades. Pero algunas emociones, como la ansiedad que nos hace estar en modo “disco rallado” solo nos dañan si permitimos que arraiguen en nosotros.

 

“Aprende a desear que todas las cosas sucedan exactamente como lo hacen”

Epiceto (h. 55 – h. 135)

 

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