Mindfulness y naturaleza

Hoy profundizamos un poco más en nuestro conocimiento del mindfulness, esta vez como experiencia espiritual a través del contacto con la naturaleza. Las experiencias espirituales auténticas no solo nos abren la conciencia y desafían todo tipo de egocentrismos, sino que, además, nos indican el camino hacia una vida liberada. Tenemos muchas cosas por descubrir. A través de todas las experiencias y percepciones interiores empezamos a comprender y a integrar en nuestra vida una realidad verdadera e inquebrantable que antes nos parecía distante y lejana, a veces totalmente fuera de nuestra experiencia.

Nosotros y los árboles

Podemos apreciar muchas cosas de los árboles. Nos proporcionan casas, muebles, leña, sombra y un hogar para los pájaros y los insectos. Nuestro amor y aprecio por los árboles tiende a cobrar vida cuando nos sentimos conectados con ellos. Los árboles pueden ser metáforas de la vida espiritual. Tienes que quedarte quieto y permitirte a ti mismo profundizar, pero resulta demasiado fácil pasar la vida enganchado a las hojas, las ramas y las ramitas. Tienes que ser consciente de que te montas sobre una rama y corres el peligro de que esta se rompa. Si estamos firmemente sentados en el suelo y conocemos nuestras raíces, no será fácil que las circunstancias puedan tumbarnos.

Atención plena

Siempre que te diriges hacia afuera lo haces porque careces de la habilidad de quedarte quieto y dirigirte hacia tu interior. Necesitas tocar la fuente de tu existencia. Si te adentras lo suficiente, descubrirás las profundidades de tu ser, libre de los problemas que nos trae la vida. Pero si sigues ignorando esto, vivirás atrapado en la decisión del ego de llevar a cabo todo lo que desea, volviendo la espalda a lo que es de verdad importante. Si seguimos centrándonos en los objetivos, viviremos una vida distraída. De poco sirve seguir avanzando con la vana esperanza de que el camino nos lleve a algún lado. Cambiar es una empresa muy seria. No es solo cuestión de intentar vivir con un poco más de cordura en medio de la locura colectiva. Significa cortar tantas distracciones superficiales como podamos para dejar sitio a un esquema nuevo de prioridades.

 

Te recomendamos algunos de nuestros libros de Mindfulness, donde obtener recursos para comenzar a recorrer este camino:

 

                      el pequeño libro del mindfulness

De vuelta a la Naturaleza

Hace falta cierta determinación para volver a establecer contacto con la naturaleza y disfrutar de la experiencia de contemplar el cielo sobre nuestras cabezas y la tierra bajo nuestros pies. Pero necesitamos sentirnos cerca de nuestro entorno natural, de las montañas y de los valles, de los árboles y de las flores, y regresar realmente a nuestra raíces. Los expertos en medioambiente nos dicen que hace decenas de miles de años salimos de las selvas y empezamos a asentarnos en los espacios abiertos para establecer en ellos las primeras granjas. Es como si, con el transcurso de los siglos, nos hayamos ido apartando más y más del mundo natural.

Esta separación del entorno natural contribuye significativamente a la explotación salvaje de nuestros recursos naturales. Poner nuestra conciencia espiritual en la naturaleza significa respetar nuestro entorno, desarrollar en nuestra vida personal una intimidad profunda a través del contacto con la naturaleza y de un uso sensato de sus recursos.

 

“Hay placer en los bosques sin senderos, hay éxtasis en una orilla solitaria. Está la soledad donde nadie se inmiscuye, por el océano profundo y en el rugido de la música: No amo menos al hombre pero si más a la naturaleza.” Lord Byron

 

Pasar tiempo al aire libre en entornos abiertos, supone un compromiso y una disciplina tranquila que nos permite desarrollar de verdad el amor por el mundo natural. Cuando salimos al aire libre, estamos en todo momento utilizando tres sentidos: la vista, el oído y el tacto. Mientras estamos fuera, hemos de acordarnos de observar el entorno natural que tenemos ante los ojos, así como las cosas concretas: una flor, un árbol, un pájaro o un insecto. Ponemos nuestra conciencia en la naturaleza para sentirnos cercanamente partícipes de ella. En ocasiones podemos disfrutar de una vista amplia e ininterrumpida si estamos en campo abierto, en las montañas o junto al mar. Estas perspectivas nos recuerdan que no somos los señores de la Tierra, que la naturaleza no está a nuestro servicio y que no tenemos ningún derecho en hacer con ella lo que queramos. Nosotros solo somos una de las innumerables expresiones de la naturaleza y eso implica que debemos colaborar con ella.

 

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Naturaleza y equilibrio

Esta forma de ver la vida favorece significativamente un cuerpo sano, una mente sana y una profunda sensación interior de bienestar. Quizá no tengamos la oportunidad, o el privilegio, de vivir una forma de vida tan libre espiritualmente como nos gustaría, pero sin duda podemos hacer mucho por reestructurar el desequilibrio que nos mantiene encerrados entre paredes, viviendo en una sombra de cemento y edificios saltos, y pegados a la televisión, a la pantalla del móvil o del ordenador. Es evidente que, aunque disfrutemos de los beneficios del materialismo, nos hemos situado en uno de sus extremos. Hemos perdido totalmente el contacto con la maravilla y el milagro del mundo natural. Nuestra propia sabiduría no desprecia esta forma de vida; el contacto estrecho y regular con la naturaleza y con nosotros mismo son dos cosas tan inseparablemente unidas como la madera y los árboles.

 

Nuestra capacidad de crecer, transformarnos y vivir con autenticidad,
momento a momento, es invencible si así lo elegimos.

Fotografías de Jose Nielfa.

 

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